Introducción

La sociedad en que vivimos es multicultural. En ella convivimos personas con diferentes características culturales. Esta diversidad, que es un potencial de riqueza cultural, a menudo se presenta como causa de problemas y conflictos. A esto se añade el hecho de que cada vez se producen más hechos de discriminación, racismo, xenofobia...

Entendemos que para superar esta situación es necesario plantearse la práctica intercultural a nivel educativo, social, cultural... La perspectiva intercultural debe suponer un instrumento fundamental en la lucha contra la injusticia social.

Últimamente se oye hablar mucho de interculturalidad, educación intercultural..., si bien en la mayoría de los casos se encuentra ligada a diferencias culturales "visibles" (gitanos, determinados inmigrantes, extranjeros...) o a situaciones de marginación social que precisan mecanismos compensadores. A menudo se asume una retórica de lo intercultural que no va más allá de las declaraciones de intenciones, que no implica análisis profundos ni cambios en las prácticas.

La Asociación de Enseñantes con Gitanos nunca ha entendido así lo intercultural como algo ligado a diferencias culturales visibles y aislado de las desigualdades sociales.

Es necesario desvelar y denunciar el discurso intercultural que, ignorando la desigualdad social y los mecanismos generadores de la marginación, puede llegar a constituir una nueva coartada para el mantenimiento de la discriminación y de la exclusión social, una justificación para eludir nuestra responsabilidad en el estado actual de los desequilibrios sociales.

Por el contrario, necesitamos entrar al debate sobre la concepción de la interculturalidad para defender una perspectiva ideológica y pedagógica que haga de ella algo enriquecedor, que nos implique en la reflexión y la práctica cotidianas. Con esta intención hemos elaborado el presente documento.

Diversidad cultural e interculturalidad

Una buena manera de identificar los diferentes planteamientos sobre la interculturalidad puede constituirla el análisis de lo que cada uno de ellos entiende por diversidad cultural. Hay diversas respuestas a las preguntas ¿dónde hay multiculturalidad? ¿dónde hace falta una intervención educativa sobre la diversidad cultural? Y cada una de esas respuestas nos conduce a planteamientos diferentes, incluso contrapuestos: la lectura que se hace del concepto "diversidad cultural" (y de su presencia en nuestros contextos), está sesgando completamente todo análisis y desarrollo posterior.

Hay una primera restricción en la conceptualización de la multiculturalidad que consiste en reducir esta a la presencia física de lo que llamamos grupos culturales minoritarios. Se deduce por tanto que tales grupos oponen sus diferencias a una presunta cultura mayoritaria.

Evidentemente, esta primera reducción del concepto de interculturalismo se opone a una concepción de lo cultural compleja, dinámica, cambiante. Adjetivos que no hacen sino subrayar las posibilidades de interacción, flexibilidad, intercambio. En definitiva, no es posible concebir una cultura que no esté configurada por diversidad de subculturas, esto es, sin una rica intracultura. Y, además, no es posible concebirla sin relación con las demás porque la propia identidad cultural nace de la toma de conciencia de la diferencia, lo intercultural es constitutivo de lo cultural. Si se asume esta primera reducción, se percibe como innecesario un verdadero análisis cultural global, donde no sólo se atienda al intercambio cultural que se produce cuando se detecta presencia de grupos humanos "culturalmente diferentes";sino también, y muy fundamentalmente, a aquellos agentes que más decisivamente generan cambio cultural (medios de comunicación, cambios económicos, organización del ocio...), y que, por otra parte, no suelen formar parte de este análisis.

Por otro lado, hay una segunda restricción que hace referencia al tipo de sujetos que se perciben, aquellos que constituyen la presencia física de "diferentes". Desde esta percepción se vincula "grupo cultural minoritario" fundamentalmente al factor étnicoracial, esto es, centrada en aquellos colectivos que aportan una diversidad visible (comunidad gitana, inmigrantes extranjeros -magrebíes, africanos subsaharianos. . . -). Evidentemente, nuestra constitución sociocultural es, sin duda, más amplia, más compleja y más rica; y no se deduce substancialmente de "lo étnico" (por otro lado, y dicho sea de paso, resulta sospechoso observar cómo, desacreditada la variable racial, lo étnico se está convirtiendo en un peligroso eufemismo). El análisis de nuestra pluralidad cultural se fundamenta sin duda en otros muchos argumentos, y debiera partir, en primer lugar, por los de la propia diversidad intrínseca de la sociedad española: comunidades culturales históricas, realidades multilingües, minorías específicas (como la gitana); que hacen del Estado español una imagen deseable de mosaico de culturas, de país de países.

A menudo esta restricción de lo étnico se agudiza aun más, al hacer visible este factor fundamentalmente para aquellos grupos que se encuentran en contextos socioeconómicos desfavorecidos, marginales. Se produce así una mayor restricción del concepto así como una perversa deformación, una interesada manipulación que se sirve de la diversidad para naturalizar y justificar la desigualdad: la asociación de marginación y diversidad, deficiencia y diferencia.

Las restricciones en la percepción de la diversidad que venimos comentando suponen, a nuestro juicio, una cuestión fundamental en el debate sobre la educación intercultural Cada una de las sucesivas acotaciones del concepto implican no sólo una cuestión de cantidad, del número de personas que son sujetos potenciales de una intervención intercultural. Suponen más bien, como parece evidente, una cuestión de conceptualización: cada una de las categorías de respuesta asignan contenidos diferentes a aquello que llamamos interculturalismo; bien en un sentido global y necesario para todos, bien en un sentido restrictivo, tangencial y, a menudo, problemático. Y lo que es más importante, las distintas reducciones del concepto diversidad afectan decisivamente las posibilidades de una auténtica perspectiva intercultural.

Cultura e interculturalidad

De manera parecida a como indicábamos en el apartado anterior, la definición de las relaciones entre culturas y la concepción misma del interculturalismo depende de lo que entendamos como cultura. De su caracterización dependerá el enfoque que daremos a las relaciones interculturales, a su grado de deseabilidad, al modo de intervención más adecuado, etc.

Definir qué es cultura resulta una tarea difícil. Es amplio y complejo el panorama de las numerosas definiciones existentes, muchas de ellas derivadas directamente de distintos enfoques disciplinares o de diversas perspectivas ideológicas. Al decir "cultura" no queremos referimos solamente a los elementos representativos de un grupo humano, sino más bien a elementos que hagan comprensible este grupo: sus valores, sus formas de organización, estructuras e instituciones, sus hábitos y prácticas compartidas, sus maneras de ver el mundo y de conceptualizarlo, también a sus símbolos, pero en este contexto profundo que les da sentido y los hace inteligibles.

Para desarrollar un enfoque auténticamente intercultural es necesario destacar algunas dimensiones de lo que llamamos cultura. Así, es necesario contar con una concepción de cultura dinámica, adaptativa Características que subrayan las posibilidades de interacción, flexibilidad, intercambio. Características que hacen ver la imposibilidad de concebir una cultura sin relación con otras.

Por tanto, no hemos de considerar la cultura como un hecho estable, estático. La concepción estática de la cultura deriva a menudo en el esencialismo, el "fundamentalismo" cultural; y éste es el origen frecuente de la generación de etiquetas y estereotipos culturales.

Por el contrario, creemos necesario entender la cultura más bien como un proceso dinámico donde lo sustantivo es justamente la interacción con otras comunidades, otras realidades, otras maneras de vivir. Un mecanismo de comprensión e interpretación del mundo que toma un significado instrumental, adaptativo, regulador.

Solamente si asumimos como esenciales estas dimensiones de la cultura podremos hacer la diversidad cultural algo nuestro, y percibir la realidad multicultural como un signo de riqueza social, como un hecho deseable. En esta medida nuestra concepción de cultura nos acercará a los objetivos que caracterizan una verdadera educación intercultural.

Nuestra concepción del Interculturalismo

Para nosotros el interculturalismo es una concepción teórica y práctica de carácter universal que atiende la diversidad cultural de todas las sociedades desde los principios de igualdad, interacción y transformación social.

El interculturalismo supone una concepción teórica de la realidad social y es un instrumento para la intervención sociopolítica, pero también implica una opción ética e ideológica de carácter personal, una forma de entender y vivir las relaciones sociales y, por supuesto, una manera de plantear y desarrollar el hecho educativo.

Queremos señalar cinco elementos determinantes que caracterizan el concepto de Interculturalismo y que lo distinguen de otras concepciones de las relaciones entre pueblos y culturas.

1. Reconocimiento de la diversidad (opción teórica).

• Una visión de la diversidad como fenómeno universal, que caracteriza a todas las sociedades humanas.
• Una interpretación amplia del concepto de cultura, como conjunto de formas de percibir, comprender, transformar y vivir la realidad que nos rodea.
• Una concepción de la realidad social multicultural como fenómeno histórico, en continuo cambio y evolución.

2. Defensa de la igualdad (opción ideológica).

• El reconocimiento del derecho de todo pueblo, comunidad, grupo o individuo a desarrollar sus relaciones en la sociedad desde unas pautas culturales propias.
• La valoración de todas las culturas por igual.
• La apreciación de la diferencia como un valor que nos enriquece.

3. Vocación de interacción (opción ética).

• La defensa de la convivencia entre culturas; entre pueblos, comunidades, grupos e individuos con pautas culturales diferentes.
• Una opción por la cooperación y la colaboración entre los grupos humanos.
• Una opción por la comunicación y el mutuo conocimiento, por el intercambio de exponencias, valores y sentimientos con nuestros vecinos.

4. Dinámica de transformación social (opción sociopolítica).

• Una posición activa en la sociedad, de lucha, de compromiso con los valores éticos e ideológicos que defendemos.
• Una dinámica de transformación de las estructuras y valores sociales que impiden que las relaciones entre los pueblos y las culturas se desarrollen en un plano de igualdad.
• Una opción por el propio desarrollo de los pueblos y culturas a través de su acceso en igualdad de oportunidades a la formación.

5. Promover procesos educativos que planteen la interacción cultural en condiciones de igualdad (opción educativa).

• La educación intercultural un objetivo necesario en todo proyecto educativo de todos los Centros educativos.
• Unas actitudes y prácticas a proponer y desarrollar desde todos los curriculums y para todos y todas los alumnos y alumnas de todos los niveles educativos.

A partir de los elementos caracterizadores que hemos definido es más fácil distinguir el concepto de Interculturalismo de otras concepciones opuestas (como el racismo y el asimilacionismo) o que a veces parecen confundirse (como el multiculturalismo).

El interculturalismo se opone al racismo. El racismo reconoce el hecho diferencial, aunque únicamente lo aplica a aquellos colectivos que por sus rasgos físicos y por su débil situación social son susceptibles de dominación (en la España comunitaria los brotes racistas se dirigen al magrebí y no al escandinavo). El racismo parte del etnocentrismo y considera los valores propios como superiores a los demás. El racismo rechaza la convivencia y la colaboración, y defiende la segregación y la dominación. Por último, el racismo no quiere transformar la realidad social, sino la conservación de las relaciones de desigualdad.

El interculturalismo se opone al asimilacionismo. El asimilacionismo no reconoce la diferencia, o la considera fruto de la desviación o del atraso. Por lo tanto la diferencia se convierte en algo negativo, disfuncional y patológico.

El asimilacionismo niega el derecho a la diferencia, por lo que exige y fuerza la convivencia, a través de la prohibición de los comportamientos diferenciados, o a través de la potenciación del abandono de los valores y pautas culturales. El asimilacionismo ha adoptado muchas formas a lo largo de la Historia, desde las monarquías absolutistas (Carlos III), los regímenes totalitarios (régimen franquista) y los estados de la Europa del este (el socialismo real), hasta muchas de las políticas (o de las inhibiciones) que actualmente se practican.

Interculturalismo no es multiculturalismo. El multiculturalismo surge como reacción al asimilacionismo, y propugna el reconocimiento de la diversidad cultural, del derecho a la diferencia y de la valoración de todas las culturas por igual. Sin embargo, el multiculturalismo parte de una concepción de la cultura estática (la evolución y el cambio suponen la desaparición de la cultura) y restringida (la cultura como manifestaciones artísticas y rituales). Por ello las diferentes manifestaciones del multiculturalismo propugnan la segregación, niegan la posibilidad de la convivencia entre culturas o consideran negativa la interacción y el intercambio cultural. Y por ello también, el multiculturalismo aparece generalmente bajo actitudes pasivas (no de transformación social) o paternalistas.

¿Qué hacer?

Como es sabido, hay un enorme desequilibrio entre discurso pedagógico intercultural y exponencias educativas que lo contrasten. Creemos que la educación intercultural sólo tomará significado y sentido si avanzamos en la realización de "prácticas interculturales".

El sentido y la extensión de este documento no permite extendernos demasiado en este apartado, pero sí queremos hacer algunas consideraciones. Son muy diversos los ámbitos que podemos planteamos para desarrollar la interculturalidad en la práctica: el proyecto educativo, el desarrollo curricular, los materiales, el estilo metodológico, la acción tutorial y la relación con las familias... No obstante, sea cual sea la parcela de trabajo que abordemos es necesario un previo fundamental: hay que hacer un esfuerzo por traducir el significado de la interculturalidad en el contexto en el que trabajemos, es decir, explicitar y hacer consciente un análisis contextualizado de la multiculturalidad.

Aunque muy esquemáticamente, señalamos a continuación algunas recomendaciones que pueden servir de criterios orientadores de la práctica:

• Es fundamental conocer las diferentes realidades sociales y culturales presentes en el entorno en el que trabajamos, así como informarnos sobre la situación concreta de las personas con las que nos relacionamos.

• Propiciaremos ocasiones, lugares, tiempos...., que faciliten el encuentro, las relaciones, la interacción, la cooperación entre las diversas personas y comunidades que convivimos en el mismo medio.

• Nos plantearemos la diversidad en muy diversos frentes de nuestro trabajo: estrategias de intervención, actividades, metodologías, recursos, materiales, formas de evaluación. Asumiremos la diversificación como un criterio pedagógico a utilizar con regularidad.

• Haremos visible la diversidad:

- Fomentando la presencia de personas de diferentes comunidades en las actividades

- Desarrollando una metodología que parta de las diferentes experiencias presentes contrastándolas y enriqueciéndolas con otras, de manera que se pueda entender la complejidad de la vida misma

- Fomentando la vivencia de diversas expresiones culturales, valorando estas manifestaciones como riqueza y patrimonio común.

• Coordinaremos nuestra intervención (educativa, social...) con otros proyectos y/o servicios que estén desarrollando acciones en ese contexto (asociaciones, agentes sociales, servicios municipales. ...)

Este documento ha sido elaborado a partir del trabajo del Seminario de la Asociación de Enseñantes con Gitanos celebrado en Barcelona los días 4 y 5 de mayo de 1996.